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TRASFONDO: ESTADO IMPERIAL DE FLINGAR -JKRAX-

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Peluche

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TRASFONDO: ESTADO IMPERIAL DE FLINGAR -JKRAX-

NotaMar, 20 Mar 2012, 11:47

Sobre la Civilización Flingardiana

Los orígenes de Flingar




La ciudad que sería la capital del imperio flingardiano fue fundada en el año cinco del calendario imperial, aunque de esto no se tienen pruebas fehacientes. Antes de eso, una tribu de nómadas había estado recorriendo el gran río Volga desde el sur. Diezmados por las fieras y las enfermedades tras el agotador viaje, encontraron en las llanuras flingardianas al oeste de la rivera un remanso donde pudieron descansar. Allí se asentaron de forma transitoria, pero el crudo invierno que cayó sobre ellos los obligó a quedarse un tiempo más. Muchos murieron a causa del frío y los víveres se les acabaron más rápido de lo que creían. Cuando llegó la primavera, y aún a pesar del gélido clima, decidieron quedarse por la riqueza del suelo. El modesto poblado creció y prosperó con rapidez a pesar de las contrariedades, y para el siglo IV ya se había transformado en una pequeña ciudad en crecimiento. Las tierras aledañas se hallaban cultivadas y en el centro de la urbe se erguía el edificio de gobierno.









Registros antiquísimos hablan de una migración de hombres lagarto que los asoló en esta época, matando y aterrorizando a gran parte de los habitantes. Se construyeron entonces paredes defensivas alrededor de la ciudad que pronto fueron insuficientes debido al acelerado aumento de la población. Para el siglo X, Flingar contaba ya con una extensión extremada y pesadas murallas de ladrillos que la protegían por todos los flancos. Según cuenta la tradición, la explosión demográfica que se dio en esa época forzó a muchos a buscar nuevas tierras donde habitar. Así partieron grandes grupos de colonos flingardianos bien armados dispuestos a establecerse alrededor de la ciudad de Flingar. Fundaron sus propios pueblos, siempre manteniéndose en contacto con la capital, y los mismos prosperaron y florecieron gracias a las generosas cosechas. Para el siglo XV las defensas eran altamente eficientes y la amenaza de los grandes reptiles ya no preocupaba a los habitantes de Flingar. Hubo al menos dos asentamientos que desaparecieron completamente; sus habitantes devorados por los orcos y vampiros, respectivamente. El resto de la civilización, no obstante, se mantuvo firme y lograron crecer y enriquecerse. Los hombres se forjaban en la lucha contra los numerosos enemigos, y las mujeres aprovechaban el invierno para realizar manufacturas y artesanías.




Pronto las jóvenes ciudades, once en total, comenzaron a desarrollarse en otras áreas que no fuesen las combativas. Las buenas cosechas, el tedio de los meses con nieve y la seguridad que existía tras sus murallas propiciaban esto. Así florecieron artes como la pintura, la escultura, las artesanías en general, la filosofía, la escritura e incluso la magia. La religión también se abrió paso, porque la gente necesitaba creer. Al irse independizando las colonias año tras año, la ciudad capital perdía poder sobre las mismas, y con el tiempo muchas dejaron de pagar impuestos e incluso de reconocer a los gobernantes de Flingar para elegir los propios.









Para el siglo XX, más precisamente el año 2003, la ciudad capital decidió recuperar lo que habían perdido. Los flingardianos que allí vivían no habían hecho otra cosa más que luchar durante los siglos, logrando así una sociedad altamente militarizada. Despreciaban el modo de vida de la mayoría de las otras ciudades, a las que habían llegado a ver como rivales.




El Oberkommando decidió embarcarse entonces en una ambiciosa campaña militar que en un principio iba a ser de corta duración, pero que fue complicándose ante la resistencia hallada por los anteriormente compatriotas. Los regimientos de Flingar estaban mejor armados, entrenados y dispuestos para la lucha que los demás, y por esto fueron anexando ciudad tras ciudad en pocos años. Para el 2008 Leipzig, Ivanovo, Minsk y Vologda, ubicadas en formación de anillo alrededor de Flingar, estaban en manos imperiales. La ciudad estado de Novosibirsk, la última ciudad libre que aún no había caído, resistió valerosamente los embates imperiales pero finalmente fue derrotada para el 2011 tras un largo asedio que la redujo casi a cenizas. Muchas de las demás ciudades formaron alianzas entre ellas para resistir la asimilación forzosa que planeaba Flingar. Tras una tensa pausa en el combate que se prolongó durante 5 años, el imperio de Flingar retomó la ofensiva, agrandando sus fronteras más allá de las ciudades del primer anillo. Los imperiales lograron tomar, para el 2022, las ciudades norteñas de Belarus y Volgogrado aunque a un costo excesivo. La coalición del sur, integrada por Bonn, Frankfurt y Orenburgo rechazó los ataques e incluso avanzó hacia el norte, haciéndose de Minsk y Vologda. Desesperado, el gobierno de Flingar ordenó un repliegue general para defender la capital. La alianza del sur atacó nuevamente, pero fueron derrotados casi completamente en la Batalla de Linz. Los imperiales les obligaron entonces a retroceder y para mediados del 2023 habían recuperado el anillo de ciudades en torno a Flingar y estaban a las puertas de la coalición sureña. Sin embargo Stuttgart, al oeste y Volgogrado y Orenburgo por el este lanzaron ataques coordinados que amenazaron seriamente la capital. Nuevamente se replegaron los imperiales. Frustrados y con sus ejércitos diezmados, firmaron tratados de cese al fuego con casi todas las ciudades del anillo exterior. En el tiempo que les dio esta época de tensa paz, desarrollaron un plan ambicioso que consistía en encerrar todo el imperio, construyendo una enorme muralla alrededor de las ciudades del anillo interno que habían capturado.









Plano de Flingar Imperialis.






Tardaron casi veinte años, aún trabajando con la eficacia que los caracterizaba y los vastos recursos del nuevo imperio. La construcción estuvo terminada para el 2041. A pesar de algunas revueltas internas, el gobierno central decidió en la primavera continuar con la unificación. Una vez más sus ejércitos penetraron en territorio enemigo. Atacaron por sorpresa utilizando a los Kosakkos, tropas rápidas de caballería capaces de recorrer muchos kilómetros en poco tiempo. Para el invierno Belarus y Volgogrado habían sido anexadas con pocas pérdidas. Tras la pausa invernal continuó la campaña, aunque sin el factor sorpresa costó mucho más capturar Bonn, al oeste, y Frankfurt, al sudoeste. Para el 2045 sólo dos ciudades estado seguían sin caer ante el imperio. Se trataba de Stuttgart, al noroeste, y Orenburgo, al sudeste. La lucha fue feroz y desesperada, pero Orenburgo cayó tras un asedio que duró dos años. Stuttgart, último bastión de la lucha contra el imperio, logró resistir durante seis largos años el sitio. Pero Flingar ya no podía detenerse. Era un imperio que se extendía por 10000 kilómetros cuadrados, y aunque seguía habiendo resistencia civil en algunas ciudades capturadas, los recursos a su disposición eran inmensos. Stuttgart capituló finalmente en el 2053, con las tropas flingardianas avanzando triunfalmente por sus calles y avenidas.




Satisfechos con la unificación del imperio lograda, los dirigentes de la capital decidieron que un imperio cuyas ciudades estuviesen separadas era poco eficiente y proclive a las sublevaciones. Por eso redactaron, en el célebre Encuentro de Novosibirsk, la Constitución Unificada Flingardiana. La misma estipulaba que se construiría una muralla gigantesca alrededor del anillo externo de ciudades. Una vez terminada, se unificaría a todas las ciudades en una sola, haciendo crecer sus barrios residenciales hasta el punto en que no hubiera territorio salvaje entre ellas. Se militarizaría a la población de las nuevas ciudades siguiendo el modelo de Flingar y se crearía un imperio poderoso que estaría destinado a durar para siempre.




Tales eran los planes de los gobernantes, individuos trastornados por el poder y la guerra. Y debido a ellos comenzó la segunda fase de la Gran Unificación, llamada las Purgas. En ella, se instauró un sistema económico socialista a la fuerza, disolviéndose las anteriores e incipientes economías feudales que se daban en los territorios capturados. Luego se persiguió a todos aquellos que no concordaran con el nuevo modelo social, como por ejemplo los intelectuales renuentes, los artistas, los homosexuales, los inválidos, los magos, los enfermos, los religiosos y los idiotas. A todos ellos la recientemente creada Geheime Staatspolizei los buscó con la ayuda del ejército y fueron muertos y enterrados en fosas comunes en los límites del imperio. Inmediatamente hubo alzamientos en todas las ciudades ante las nuevas medidas, pero desde Flingar estaban ya preparados. Lucharon en las calles de casi todos los distritos, por un lado las tropas imperiales, y por el otro los rebeldes, aquellos que se negaban a integrar el nuevo orden.












El período de lucha civil fue largo y sangriento. Al final, cuando los fuegos de la revolución se hubieron extinto por completo, era ya el año 2080. El imperio estaba nuevamente en paz, en una paz lograda a costa de incontables muertes, pero paz al fin. El Ministerio de Propaganda comenzó entonces una nueva fase del plan de unificación. Colgaron grandes carteles por toda la ciudad, organizaron reuniones de asistencia obligatoria en donde se adoctrinaba a los civiles sobre las grandes ventajas del nuevo orden social, canalizaron el enojo y desencanto de la gente mediante fastuosas promesas de poder y gloria, les hicieron creer que estaban embarcados en un proyecto tan grande que iba a trascenderlos. La gente no lo creyó al principio, pero de alguna forma la economía comenzó a mejorar lentamente. Tras años de guerras internas, los civiles ya no querían luchar más. Entonces el gobierno les dio prosperidad, aunque restringió sus libertades de forma tan sutil que muy pocos se dieron cuenta. Pasaron las generaciones, siempre viviendo con la propaganda gubernamental que en todo momento les recordaba los ideales de la patria. Se formó a los civiles en batallones, se les enseño a luchar. Se les dieron excusas para canalizar su ira: cuando faltaba el alimento, era culpa de las manadas de orcos del este. Allá iban los flingardianos fervorosos, a la matanza. Cuando las cosechas fallaban y había hambruna, se debía a sabotajes por parte de las tribus skavens del sur. Allá iban nuevamente los flingardianos. La doctrina del estado llegó a ocupar cada parte de la vida del ciudadano desde la cuna hasta la tumba, y los mismos padres pasaban a sus hijos las ideas imperiales. Cualquier intento por cambiar algo, por producir algo nuevo o por cuestionar el orden establecido era rápida y silenciosamente acallado.





Cerca de tres siglos pasaron de este modo, y al final el pueblo mismo se creyó su superioridad, su voluntad inquebrantable, su autogobierno. Para el año 2378, el imperio de Flingar se alzaba imponente y enorme sobre las llanuras que mucho tiempo atrás habían acogido a tribus nómadas diezmadas por los lagartos.












El año 2412 rompió la monotonía habitual marcando un suceso extraordinario. Un grupo de Kosakkos pertenecientes a la decimoquinta hueste de Volgogrado se encontraba realizando ejercicios de rutina en la recientemente fundada fortaleza de Veste Oberhaus, sobre el gran río Volga. El vigía de la torre principal descubrió un barco a lo lejos, en el horizonte. Sin pérdida de tiempo se despachó un contingente para investigar. Los flingardianos volvieron tras haber capturado un barco extraño, construido como nunca antes se había visto y tripulado por enanos que dijeron ser de las Montañas Azules. Se los llevó al imperio, donde fueron entrevistados por el Oberkommando en persona. Los enanos dijeron que su barco se había averiado y que una tempestad les había hecho perder el rumbo.




Se inició así un intercambio diplomático entre estas dos naciones que reportaría mutuos beneficios para ambas. A pesar de las distancias, que eran exageradamente grandes, el comercio fluyó por tierra y por agua durante décadas. Hubo misiones diplomáticas e intercambios de embajadores, y pese a la distancia el contacto siempre fue fluido entre estas civilizaciones. Pero, por sobre todas las cosas, el gran cambio causado por los enanos fue la introducción del motor de vapor. Este revolucionó por completo el imperio. Permitió una aceleración sin precedentes en los procesos productivos, lo que redundó en una mayor cantidad de bienes de consumo fabricados en Flingar, pero también permitió la creación de los temibles vehículos cuadrúpedos tipo Könislav de las fuerzas armadas.











Hacia 2522, una gran ofensiva del caos entró a las lindes imperiales por el nordeste. Si bien la fuerza principal pasó muchos kilómetros al sur de Flingar, encontrando resistencia en Middenheim, las hordas caóticas causaron estragos y sitiaron la ciudad. Fueron esos meses de penurias para los imperiales, y sólo cuando Valten, el avatar de Sigmar, hubiera derrotado a Archaón en combate singular se retiraron en desbandada las fuerzas enemigas hacia las montañas del oeste. Algunas optaron por quedarse dentro de los muros de Flingar, y fue sólo tras un invierno de duros combates urbanos que ya no hubo rastros de caóticos, pero el imperio estaba en ruinas.





Devastado moral y físicamente, hubo que reconstruirlo prácticamente desde cero. Pero los gobernantes no se afligieron, y ante la adversidad se endurecieron aún más. Decidieron construir el nuevo imperio íntegramente de hierro, desde sus cimientos. Construyeron para esto y con asesoramiento de los enanos de las Montañas Azules en Stuttgart un complejo llamado las Grandes Forjas. La antigua ciudad fue transformada entonces en una fábrica gigantesca que proveería al imperio con el hierro necesario para su reconstrucción. Cuatro años completos tardaron en edificar el complejo y uno más hasta que estuvo operativo.
Noche y día trabajaron las fundiciones, moldeando y templando las calles, las esquinas y las cuadras con hierro. Los ricos yacimientos de las montañas del norte aportaron todo el metal necesario. En menos de sesenta años, un tiempo breve si se consideran las dimensiones del imperio, estuvo completa la obra. Los edificios gubernamentales, las academias militares y los fuertes dentro de la ciudad eran de hierro, así como las calles y veredas. Las murallas externas fueron recubiertas también con éste material, y el imperio acabó teniendo un aspecto gris y sofocante.










Poco tiempo después se comenzaron las obras para construir las fortalezas de Nizhny Novgorod, Brest-Litovsk, Kronstadt y Sevastopol; junto con una gran línea de defensa, llamada Línea Molotov, en torno a Flingar. Con todas estas mejoras, los imperiales esperaban no ser sorprendidos nuevamente ni por los caóticos ni por nadie.





Con el advenimiento del ferrocarril, se tendieron largos recorridos dentro del ya populoso imperio, y la productividad de las fábricas comunales se disparó. De esa época datan las grandes cantidades de chimeneas que humean todo el tiempo y que pueden ser vistas a kilómetros de distancia. El imperio se transformó una vez más, e ingresó en una nueva época. Se refinaron y masificaron los Arcabuces, los dirigibles y otras máquinas y vehículos de ese tipo. La Marina de Guerra flingardiana vendió sus barcos de madera a pueblos menores y los reemplazó con modernos navíos impulsados por el vapor. La industria creció a pasos agigantados, acompañada por una gran cantidad de mano de obra disponible.






Flingar, escudo de armas moderno.
















Sobre la Civilización Flingardiana

El Flingar Actual




Culturalmente el imperio flingardiano es homogéneo. Su cultura ha avanzado en forma uniforme y constante a través de los siglos. Aún quedan algunos vestigios de las épocas anteriores a la unificación, como los templos de Sigmar en Frankfurt o los teatros de Belarus, pero se trata de casos aislados. El plan de unificación ha dejado pocas muestras del viejo Flingar para que las generaciones futuras no cometan los mismos errores del pasado y ha borrado el resto. Construidas con piedra y ladrillos, estas reliquias de la antigüedad están bellamente decoradas con formas y estilos únicos. En el imperio actual, en cambio, priman desde sus inicios la eficacia y la utilidad por sobre todo lo demás. Sus edificios son generalmente negros o grises, hechos de hierro o concreto, y no presentan detalles o adorno alguno. El impulso de las fábricas se nota hasta en construcciones hechas en serie. Los sectores residenciales, donde viven los obreros, se levantan desde sus cimientos en cuestión de semanas. La mano de obra en Flingar es muy especializada y sus métodos de construcción altamente eficientes. Su arquitectura es tan avanzada que les permite construir rascacielos altísimos sin perder firmeza. El Edificio del Gobierno Central, la sede del Politbüro, mide nada menos que un kilómetro de alto. Semejante obra arquitectónica es un logro que sólo la avanzada ciencia imperial pudo lograr.









No hay parte del imperio que no cubra el ferrocarril, y el trazado de sus vías es fácilmente visible. Hay estaciones para pasajeros y otras para productos. Gracias a su formidable ingeniería, las vías de tren son capaces de elevarse de formas increíbles y llegar incluso hasta andenes ubicados en pisos de edificios. Es normal ver en el Flingar actual marañas de vías en distintas alturas con sus trenes emitiendo grandes nubes negras. La población se mueve utilizando exclusivamente este sistema ya que no hay otro medio de transporte disponible. El servicio de ferrocarriles opera con una puntualidad insuperable y es raro que haya retrasos en el mismo.




En cuanto a las artes, son más bien pocas y estériles las que el gobierno permite desarrollar. Al ciudadano medio tampoco le interesan actividades de esa índole, y es por esto que en los últimos siglos apenas si han sido escritos y aprobados para su publicación algunos ensayos, novelas y varios cuadros favorables al imperio. Los carteles propagandísticos emitidos por dicho ministerio son el destino final de aquellos camaradas con alguna aptitud para la pintura o el dibujo. Diseñan imágenes que arengan a la población a trabajar y las producen en grandes cantidades gracias a la imprenta. También la escultura se halla bastante desarrollada, teniendo como motivos recurrentes espectaculares estatuas de los héroes de la patria o monumentos que reflejan sucesos importantes. De especial interés son el monumento a los caídos en combate, en Flingar Capital, y el monumento al trabajo en Stuttgart. Más allá de estas escasas manifestaciones, el terreno artístico en el imperio es escaso. No se conservan muestras de las épocas anteriores a la unificación, puesto que fueron quemadas o destruidas durante las Purgas.











La religión es totalmente impensada en Flingar. Se halla prohibido por la Constitución Unificada Flingardiana cualquier clase de culto religioso. Se inculca en los ciudadanos un profundo ateísmo respaldado por pruebas fehacientes sobre la falta de una clara organización en la realidad. La idea de un ser superior ha sido sistemáticamente refutada y descartada a lo largo de los siglos. Los flingardianos creen, en cambio, en su propia capacidad y sobre todo en el imperio para prosperar en sus vidas. Esto ha acarreado grandes problemas con otras ciudades imperiales que han intentado tildarlos de herejes, pero las comisiones enviadas a investigar nunca descubren pruebas sobre actividades herejes y finalmente optan por elevar un informe donde se señala esta faceta de Flingar como una particularidad que en nada entorpece el desarrollo del modo de vida imperial.












Socialmente, la estructura flingardiana se basa en la familia. La misma se compone de los padres y una indeterminada cantidad de hijos, cuantos más mejor. El mismo aparato gubernamental de enseñanza convence a las niñas desde pequeñas para que engendren la mayor cantidad de niños posible. La unión conyugal es dictada por el estado. Aunque incipiente, la ciencia flingardiana de la genética conoce reglas básicas sobre herencia y descendencia de rasgos interesantes. Armados con esos conocimientos, los flingardianos saben qué pareja es conveniente hacer procrear para mejorar la raza. El proceso es realizado en el Ministerio de Procesamiento de Datos, división Asignación de la Reproducción. El mismo es un complejo enorme, cubierto de máquinas analíticas a vapor que trabajan incansablemente día y noche. Se les suministra la información de cada ciudadano y los ingenios se encargan de asignar las parejas reproductivas. Las mujeres están disponibles para este programa a partir de los 16 años, y los hombres a partir de los 18. El sistema no es perfecto y a veces pasan años sin que le sea asignado a un ciudadano su pareja. Mientras tanto, está prohibida cualquier otra relación sentimental. En esta forma se logra, con el paso de las generaciones, una raza genéticamente mejorada.












El gobierno es ejercido por una sola persona, que recibe el título de “Oberkommando” y está respaldada directamente por los miembros del Politbüro. Cada Oberkommando es el líder indiscutido de la nación y tiene un gabinete de Ministros que elige personalmente. Los Ministros lo orientan en las decisiones a tomar, pero es él quien tiene la última palabra. El dirigente tiene su propia guardia personal, que recibe el nombre de Geheime Staatspolizei. Las mejores tropas de todas las disciplinas van a parar a este cuerpo especial que además de la seguridad del líder se ocupa de otros asuntos concernientes a la seguridad del país. Luego están los miembros del Politbüro, generalmente un consejo secundario de entre 20 y 30 camaradas que supervisan los demás aspectos de la vida en Flingar y monitorean que todo vaya según lo planeado. Debajo de ellos se desarrolla toda la estructura militar, empezando por los Estrategas, luego los Generales y así hasta llegar a los jóvenes flingardianos, los Reclutas. La organización política de esta nación se da entonces bajo este modelo, que ha probado ser altamente eficiente a través de los siglos.




La economía en Flingar está milimétricamente controlada por el estado y por eso el crecimiento es muy lento pero constante. No hay empresas privadas ni capital. Todo el sistema económico se basa en un socialismo controlado a la perfección por el estado. Los trabajadores son asignados al lugar de trabajo y reciben una cartilla de raciones una vez a la semana. La misma incluye todas las cosas básicas que un ciudadano necesita como comida, bebida y algún pequeño lujo ocasional. Al confeccionar la cartilla se tiene en cuenta al trabajador y a su familia, recibiendo aquellos de hogares más numerosos mayores recursos. La burocracia estatal no es tan lenta como se esperaría en una organización de esta magnitud, y eso es lo que permite a la sociedad flingardiana avanzar.







Flingar, mapa de situación con las principales fortificaciones.















Actualmente el Imperio de Flingar mantiene luchas en muchos y variados frentes. Las crónicas de sus días, hazañas, fracasos y proezas puede encontrarse actualizada en: http://flingar.blogspot.com/.
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